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Mi mejor viaje

He hecho algunos viajes, unos para conocer, por negocios, otros para visitar la familia, amigos, en ocasiones algunos dolorosos y otros -simplemente- por salir de la rutina.

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Desde pequeña, mis padres iban y venían de un lugar a otro, seguramente, buscando oportunidades de trabajo y el bienestar para su familia, el recorrido por Colombia fue por varias ciudades y de al menos cuatro ciudades visitadas, quedó un hijo de recuerdo. Yo seguí esta tradición, no la de los hijos; pero sí la de viajar. He hecho algunos viajes, unos para conocer, por negocios, otros para visitar la familia, amigos, en ocasiones algunos dolorosos y otros -simplemente- por salir de la rutina. Sea cual sea el motivo de los viajes, siempre hay que hacer planes, cumplir objetivos, llevar nuestra maleta con las cosas necesarias.  El viajar permite tener mente abierta, enseña a adaptarnos a cambios rápidos, cada uno deja un aprendizaje, generamos vínculos interpersonales y le da a nuestras vidas más significado, conocimiento, buenos recuerdos y deja huellas.

En Septiembre de 1991, llegó a mi vida y familia la oportunidad de cumplir el sueño americano. Era definitivo, íbamos a buscar nuevas oportunidades de trabajo y bienestar para nuestra familia.  Pero como en todos los sueños y proyectos hay fecha de caducidad; este sueño no se pudo cumplir como lo habíamos planeado, entonces regresamos a Cali (Colombia), y luego a Cartagena de Indias.

SENIORS 2014

Cartagena, una ciudad del Caribe Colombiano, con un clima tropical de aproximadamente 32℃, casi todo el año, es una ciudad llena de historia. Es un destino muy popular por sus playas y el Centro Histórico. También, es una ciudad de contrastes: edificios modernos muy cerca a las calles y edificaciones de arquitectura colonial española. Existe tanto contraste que pareciera que no fuese una única ciudad, sino dos: una muy conocida, de la cual he hablado, y otra, que no se conoce. Esa otra ciudad es donde vive la mayoría de las personas del común, como nosotros. Ahí, llegamos a vivir, en un vecindario bonito, con gente muy alegre,  extrovertida y amistosa.  Era  la nueva aventura de nuestras vidas.

Allí viví durante dos años sin encontrar un trabajo fijo. Me dediqué a hacer tutorías, clases,  refuerzos en casa y a enseñarle a mi hijo menor la historia de la ciudad. Además, a darle clases de natación, a escribir y leer, hasta que le llegara la edad de entrar al sistema educativo formal.  Un día, me llamaron para dar clases de Inglés en un colegio, ahí trabajé por un año, un colegio pequeño,  la experiencia fue maravillosa, pues mis colegas, siempre estaban ahí para apoyarme y crecí como profesional en la docencia. Al cabo de un año, recibí una propuesta para dar clases de ciencias en Inglés, en el Gimnasio Altair de Cartagena, en los primeros grados de primaria, bueno, el GAC, (así se conoce) no queda precisamente en la ciudad, está ubicado a 14 kms de Cartagena.

Por supuesto, acepte este nuevo reto. No era fácil ser profesor de  ciencias  naturales para niños pequeños que apenas estaban incursionando en el idioma inglés como segunda lengua. Además, esto no era tan fácil como tomar un vuelo, o cualquier medio de transporte para emprender un viaje. Este viaje conllevaba una responsabilidad social, compromiso, desarrollar algunas habilidades, dedicación, innovación y creatividad. Eran varias cosas que debía tener en cuenta. Como en todos mis viajes, en este, -especialmente- tenía que conocer muy bien a todos mis pasajeros, establecer buenas relaciones interpersonales con ellos y sus familias. Tener bien claro los objetivos, preparar cada una de las clases con las herramientas necesarias para poder llegar al final de cada año escolar con satisfacción de haber cumplido con las metas propuestas.

Docentes Gimnasio Altair de Cartagena
Docentes Gimnasio Altair de Cartagena.

Recuerdo una historia muy graciosa, de todas las que uno puede contar como anécdotas en el aula, -que son muchas- pero con el paso del tiempo, quedan unas más grabadas que otras. Como comente anteriormente, el colegio estaba ubicado en una zona rural. Entre los meses de julio y agosto la temperatura es muy alta en esta parte de la costa caribe, estamos hablando de un bosque tropical seco. Para esa época, no teníamos aires acondicionados dentro de los salones de clases, sino ventiladores de techo, de pronto se levanta uno de mis alumnos, era muy tímido y con sus ojitos como de ardilla… entonces, empieza a dar vueltas alrededor del salón, observar y contar las vueltas de los ventiladores (abanicos para la gente de la costa caribe colombiano). Los otros niños empezaron a molestarse, porque no los dejaba concentrar y  el niño me dice: “Ese abanico se va a parar y nos vamos a morir de calor”, de pronto da un grito: “Se da cuenta profe, hasta aquí llegamos hoy”, y así fue, no más clase en el salón por ese día. Estoy hablando de un niño de 6 años, lo cual me pareció -además de gracioso- con una capacidad de observación y análisis muy grande. De ahí en adelante, los chicos empezaron a llamarlo The Wizard of Oz, pues habíamos hecho la dramatización de la obra y les pareció muy acertado el apodo.

A medida que pasaron los años, cada día los  estudiantes, profesores y en general todas las personas que estábamos en el colegio  logramos un compromiso con el desarrollo sostenible y el medio ambiente. Desde las áreas de Ciencias Naturales y Sociales, hacíamos foros de medio ambiente, donde, además de la participación de los estudiantes del colegio, también se invitaban a otras instituciones a integrarse en estas jornadas.

Estudiantes en Londres
Estudiantes en Londres.

En el año 2012, el colegio recibió una invitación por parte de una organización internacional. Se la invitaba a participar en una “Olimpiadas del Saber” para medir y reforzar ciertas habilidades como:  trabajo en equipo, fortalecer el idioma inglés, en otro ámbito que no fuera en colegio. Dentro de los proyectos que se solicitaban para la participación, debía haber uno que tuviera un impacto ambiental dentro de nuestra comunidad educativa y la comunidad vecina. Pontezuela, es una población con pocos recursos económicos, así que siempre teníamos  en cuenta esta comunidad para nuestros proyectos ambientales y sociales.  Durante varios años en los foros ambientales y precisamente ese año, trabajamos con todos las botellas, latas de cervezas,  envoltorios de snacks, para construir ladrillos ecológicos y crear un nicho ecológico innovador a partir de aquellos que desechamos. Esa fue una de las razones por las cuales me puse a trabajar con el grupo seleccionado para ir a Londres. A partir de ahí, casi 10 meses de trabajo arduo, organizando cada una las actividades en las que los estudiantes iban a competir, más el trabajo diario como docente, documentos que se tenían que llevar a la embajada, permisos de salida, entre otros, me seleccionan para acompañar este grupo.

Era un grupo de estudiantes maravillosos, comprometidos con el intenso trabajo académico y la responsabilidad que tenían de representar, no solamente al colegio, sino a su ciudad y el país.  Ellos, en las competencias, debían  competir con Rusia, México, Brasil y Ecuador, entre otros países. Además, compartirian las experiencias de visitar museos, hacer comprar (muchos por primera vez y manejar su propio dinero), días de excursiones a Londres, Oxford, Cambridge and Brighton, cada una llena de sorpresas. Tal como lo anunciaron en el programa: “esta es una experiencia de vida transformadora”. Muchos de ellos no habían salido del país y no conocían la nieve. Un día salimos a dar un paseo a un pueblo cercano del college donde nos estábamos quedando. Empezó a nevar y abrían sus bocas para que la nieve les cayera y poder sentir esa sensación extraña para las personas del trópico. Lo más divertido fue el momento de las compras. Uno no sabían qué comprar, una, por ejemplo compró un yo-yo -Ella (16 años)-  no tenía la menor idea cómo se jugaba. Otro estudiante se antojó de un oso, a sabiendas de las restricciones de equipaje. Creo, que una de las mejores enseñanzas de nuestro viaje fue la independencia y el poder de decisión.Este viaje que emprendí por casualidad  durante 16 años, fue  el mejor viaje que pude haber elegido, lleno de satisfacciones personales, aprendizajes, crecimiento personal y profesional, corrigiendo errores, sobre todo la oportunidad que me dio la vida y el GAC, de poder ayudar a formar niños, de compartir mis experiencias por esos años, que  quedaron en mi corazón:  directivos, colegas, familias, estudiantes maravillosos, amistad que aún perduran; a pesar del tiempo y la distancia.

Mi mejor viaje.
Mi mejor viaje.

Ahora, me dedico a otros viajes, casi siempre con regreso; excepto, en el que embarque hace unos meses, pues vine por un mes a los Estados Unidos a visitar a mi familia, y bueno, aquí estoy. (COVID19), uno no nunca sabe que le depare cada viaje.


“Invitamos al maestro a reconocerse como ser histórico capaz de analizar su presente y de construir su futuro, a recuperar la forma en que se enlazan su historia personal, su trayectoria profesional, su vida cotidiana y su trabajo en la escuela” (Cecilia, Fierro: 1999, p.29).

Mi vida empezó en Bogotá, donde nací, de ahí mis padres se trasladaron a varias ciudades y termine mi secundaria en Silvia (Cauca). Inicie mis estudios en docencia, pero no los termine pues me fui para Estados Unidos, donde estudié Gestión de Servicios de Alimentos. A mi regreso a Colombia, me involucre en la docencia e hice una especialización en Gerencia Educativa. Ahora me encuentro retirada de la parte presencial la docencia, pero continuó haciendo tutorías online.

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