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La importancia de la formación en género para coeducar en las aulas

Tanto profesorado como familia, debe poner rumbo a un proyecto común: educar en igualdad o coeducar.

Laura Paredes Galiana | @laupagal7
September 28,  2020
Articulos en Español

En nuestra sociedad, los papeles de los hombres y de las mujeres siempre han estado poco o mal diferenciados y definidos. Desde tiempos remotos la mujer y su educación debían estar orientadas al sometimiento y la sujeción a la figura masculina, las tareas domésticas y el cuidado de la familia.

Con el paso del tiempo, las mujeres han ido abriéndose paso en todas las esferas de la vida y sociedad, sin embargo aún están lejos de conseguir una igualdad real y tener los mismos derechos que los hombres. Si bien es cierto, cada vez son más las políticas que apoyan y abogan por la igualdad de género, y además, contamos con una maravillosa herramienta e institución socioeducativa primaria: la escuela.

Esta es una herramienta de mucho poder, la cual podríamos utilizar para trabajar y apoyar activamente la promoción de la igualdad de género, empezando siempre desde los primeros años de vida.

Para que esto no quede en utopía y sea una realidad en un futuro próximo, deberían de construirse nuevos modelos sociales, mediante determinadas acciones y estrategias creativas e innovadoras que busquen y consigan, crear y fomentar acciones para modificar los estereotipos sexistas. Esto puede conseguirlo, como se ha mencionado anteriormente, la escuela ya que es el agente socializador por excelencia y es el lugar donde se refuerzan o enriquecen las experiencias vividas por niños y niñas desde los primeros años de vida.

Pero ¿qué pasa si las personas que pueden y deben hacer esto no tienen formación en género? La respuesta es sencilla: se siguen promoviendo los estereotipos sexistas y patriarcales a los que, seguramente, todas las personas que estáis leyendo esto, hayáis estado sometidas. Pero ¿es culpa solo de no tener formación en género? ¿de quién depende que nuestro profesorado y docentes tengan esa formación? ¿tan solo de su ánimo por formarse de forma permanente? ¿o quizás, tal vez, la Universidad tenga un papel importante en este cambio, para comenzar desde la formación inicial del profesorado, introduciendo materias propias de género?

Género y educación: dos conceptos que van de la mano

El género y la educación configuran un área de gran interés científico en la actualidad. Para hablar de igualdad de género, primero es necesario conocer el significado de las dos palabras que la componen según la Real Academia Española (2016): el vocablo “igualdad” proviene del latín aequalitas y significa igual, llano, justo, equitativo… Esta puede definirse como la condición de tener una misma naturaleza o compartir alguna cualidad. La palabra “género” proviene del latín genus, generi y representa nacimiento, clase o tipo natural de algo. Es entendida como el “grupo” al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendiendo este desde un punto de vista sociocultural y no biológico.

La escuela es el agente socializador por excelencia y es el lugar donde se refuerzan o enriquecen las experiencias vividas por niños y niñas desde los primeros años de vida.
La escuela es el agente socializador por excelencia y es el lugar donde se refuerzan o enriquecen las experiencias vividas por niños y niñas desde los primeros años de vida.

A estos dos conceptos que han ido configurando un área de interés científico y social, se le ha añadido otro que se ha utilizado (y se utiliza) como sinónimo de género, sin embargo tienen diferentes matices: por un lado, género ha hecho referencia desde siempre, a aquellas circunstancias o características que hacen que las mujeres y los hombres de la sociedad deban comportarse de acuerdo a unos determinados patrones o roles. Por otro lado, sexo ha hecho referencia a las condiciones biológicas de las personas que han sido, las que han determinado si es hombre o mujer, debido a la fisiología y anatomía de estas. Siguiendo a Solís (2007:107) el sexo es “la condición biológica que conlleva a que los seres humanos tengan diferencias físicas y anatómicas, y a que se les clasifique en hombres y mujeres”. Por otro lado, el género son “las funciones que se le atribuyen a cada persona los cuales se han construido para el desempeño de papeles sociales o culturales”. El estudio que realiza Jiménez (2011) también alude a estos dos términos, concluyendo que el sexo “se vincula a lo genético, lo hormonal, lo innato, la reproducción” (p.53) y que el género se asocia a  “lo social, lo cultural, lo aprendido, lo tipificado y conformado por el grupo a lo largo de los años”(p.53).

El acto de coeducar

El feminismo socialista, de acuerdo con Jiménez (2003) ha concedido importancia a entender que la igualdad en la escuela capitalista no erradica sino que además, mantiene la división sexual del trabajo en relación con el capitalismo del trabajo y las relaciones y subordinaciones de las clases sociales.

Estudios e investigaciones han ido cambiando, antes el objeto de estudio era la desigualdad que afectaba solo y exclusivamente a las mujeres, pero han ido evolucionando a la preocupación de la tardía incorporación de las mujeres al sistema educativo como el estudio de Fernández Enguita (1997) o la persistencia de las desigualdades en las escuelas mixtas sin variación ninguna en el currículum de estas (Subirats, 1990; 1993).

En los últimos veinte años, otros autores (Lameiras y Rodríguez, 2002; de Lemus, Castillo, Moya, Padilla y Ryan, 2008; Colás y Villaciervos, 2007) han llevado a cabo estudios del nivel de sexismo en las escuelas por parte de los adolescentes, encontrando grandes actitudes sexistas en los chicos hacia las chicas. Se ha demostrado que las chicas con el autoestima alto presentan mayor nivel de sexismo benévolo como consecuencia de roles tradicionales y normas sociales preestablecidas.

Se han seguido haciendo investigaciones y estudios sobre el tema, dentro del ámbito educativo. Autores como Bonal y Calero (1999), Merino, Sala y Troyano (2003), Barrio Maestre (2005), Cogam (2005), Romero (2006), Subirats y Tomé (2007), Lesko (2000), Oliveira (2000) y Santos Guerra (2000) han realizado investigaciones acerca de cómo se han ido feminizando las etapas postobligatorias del sistema educativo debido al permiso que se le ha dado a las mujeres al acceso a esta etapa; se ha constatado también que hay un mejor rendimiento en las mujeres que en los hombres en casi todas las áreas de conocimiento de la escuela, y que conforme va aumentando la edad de estas, se agudiza este rendimiento. Otros temas como el debate sobre las ventajas que podría tener el sistema sesgado para ambos sexos, el heterosexismo y la homofobia del sistema educativo tanto en el currículum manifiesto como en el oculto, así como la preocupación que los chicos y chicas tienen acerca de las identidades provocando así un aumento de la construcción de la masculinidad, y por último, debates sobre la poca presencia del género masculino entre los profesionales de la educación y lo que ello puede acarrear en los alumnos y alumnas que a esta institución acuden.

La educación de los niños y niñas hoy se debe entender como el proyecto de crecimiento común en el que toda la comunidad educativa tiene un papel importante e imprescindible. Se debe enseñar a los alumnos y alumnas que tienen los mismos derechos y deberes como ciudadanos/as según establece la Constitución Española (1978) en su artículo 14, y que lo más es importante es respetar las particularidades de cada persona; el problema es que esta educación no parte de cero, debido a que está condicionada por el marco social, familiar y educativo en el que los niños y niñas viven.

La Ley Educativa vigente en nuestro país, LOMCE, en su artículo 1 hace mención a:

“la equidad, que garantice la igualdad de oportunidades para el pleno desarrollo de la personalidad a través de la educación, la inclusión educativa, la igualdad de derechos y oportunidades que ayuden a superar cualquier discriminación y la accesibilidad universal a la educación, y que actúe como elemento compensador de las desigualdades personales, culturales, económicas y sociales, con especial atención a las que se deriven de cualquier tipo de discapacidad”, “el desarrollo, en la escuela, de los valores que fomenten la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, así como la prevención de la violencia de género”.

En su artículo 40, vuelve a referirse a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres: “fomentar la igualdad efectiva de oportunidades entre hombres y mujeres, así como de las personas con discapacidad, para acceder a una formación que permita todo tipo de opciones profesionales y el ejercicio de las mismas”.

Como se puede ver, las leyes que acoge el sistema educativo español, muestran interés en la igualdad de oportunidades de alumnos y alumnas que acuden a la escuela, pero ¿esto realmente se lleva a cabo en ella? ¿quién se encarga de fomentar esta igualdad? ¿están los/as profesionales de la educación formados/as y capacitados para esto?

La educación no sexista es necesario comenzar desde los primeros años de vida, de acuerdo con Cabello (2011:65) “analizando cómo se adquieren los roles y estereotipos de género, los factores que influyen en su aprendizaje, así como el papel que para la infancia juegan las personas adultas como modelos en la adquisición de los mismos”.

Estamos de acuerdo en que las escuelas son espacios privilegiados para aprender a relacionarse en igualdad, y que debido al ritmo que lleva la sociedad, tanto hombres y mujeres están en el mundo laboral y los niños y niñas pasan más tiempo en las instituciones educativas y es entonces cuando de acuerdo con Tedesco (2000:558) tenemos que “justificar por qué y para qué deseamos construir socialmente una situación donde todos tengan las mismas oportunidades” y “aceptar que los profundos cambios que vive actualmente la sociedad, nos obliga a revisar nuestras concepciones sobre el problema y nuestras formas de intervención”.

Estudios como el de Deem (1980) analizan los datos sobre la escolarización y el trabajo femenino. Defiende que las escuelas son las instituciones que mantienen la reproducción sexual del trabajo, ya que en la misma escuela, en determinadas áreas hay escasa presencia como es en el caso de la tecnología y las matemáticas. Alude Jiménez (2003:166) “la escuela no crea la división sexual del trabajo, pero no hace nada para atacar”.

Al hilo de esto, y siguiendo a Solís (2007) las modificaciones que hagamos en la escuela, “deben abarcar todas las esferas”. Esto es importante para que se empiece a tener en cuenta a la hora de elaborar programas y planes de estudio, elección de materiales didácticos, asesoramientos personales a los alumnos y a las familias, en los mensajes publicitarios y en la formación de los profesores y profesoras.

La educación de los niños y niñas hoy se debe entender como el proyecto de crecimiento común en el que toda la comunidad educativa tiene un papel importante e imprescindible.
La educación de los niños y niñas hoy se debe entender como el proyecto de crecimiento común en el que toda la comunidad educativa tiene un papel importante e imprescindible.

La importancia de la formación en género para la transmisión en el aula

Es en las aulas donde los niños y niñas, desde sus primeros años de vida, comparten experiencias y momentos que les lleva al autoconocimiento y a desarrollar el autoconcepto gracias a la relación con otros niños y niñas utilizando herramientas y materiales que tienen a su disposición en la escuela.

Es entonces cuando, tanto profesorado como familia, debe poner rumbo a un proyecto común: educar en igualdad o coeducar. Se deben crear las condiciones idóneas tanto dentro como fuera del aula para que los niños y niñas crezcan en los mismos valores y conocimientos a lo largo de sus años, y pudiendo saber que existen muchas formas de ser niño y niña, y que hay que elegir las condiciones en las que quieren o prefieren crecer.

¿Cómo podemos hacerlo desde el aula? Pues bien, algunas recomendaciones, podrían ser las siguientes:

  • Usar lenguaje inclusivo, no el masculino genérico.
  • Realizar actividades curriculares en las que los ejercicios no sean sexistas y se utilicen ambos sexos y los diferentes géneros para, por ejemplo, problemas matemáticos.
  • Desarrollar acciones de sensibilización, en donde, de forma lúdica, se dote de información y formación a todo el alumnado acerca de las diferentes formas de ser hombre y mujer.
  • Eliminar prejuicios, estereotipos e ideas preconcebidas erróneas.
  • Trabajar la corresponsabilidad en el aula, y proponer para desarrollarla en casa, mediante el trabajo por retos.
  • Hacerles partícipes de cuáles son sus derechos como niños y niñas, y que conozcan en qué consiste cada uno de estos.
  • Utilizar materiales, juegos, cuentos, canciones, etc. donde no se promuevan acciones, palabras, o comentarios sexistas.
  • Celebrar días señalados en el calendario como importantes (25N, 8M, 1D, etc.) y que se desarrollen acciones en torno a estos días para formar al alumnado.

Estas son solo algunas recomendaciones, de las muchas y variadas que hay; formar en igualdad de género al alumnado no es algo que se pueda desarrollar de un día a otro, pues nuestra sociedad lleva arraigada en el machismo heteropatriarcal años ancestrales, pero sí que es un trabajo arduo y prolongado en el tiempo, que con constancia, creencia, ganas y formación se puede desarrollar con plenitud y de forma satisfactoria.

Es importante recordar que para que estas, y otras acciones, se puedan desarrollar en el aula, el profesorado debe estar formado en esta materia, y como bien se ha dicho anteriormente, parece que para las políticas educativas, las universidades y otras instituciones educativas, esto es más un acto de creencia y buen hacer por parte del profesorado que por parte de dichas instituciones, ya que, si nos paramos a echar un vistazo a las titulaciones universitarias de diferentes universidades españolas, las asignaturas relacionadas con el género o la igualdad, escasean o brillan por su ausencia. Si bien es cierto, que si hay alguna relacionada con dicha materia, es optativa: hecho que corrobora lo que anteriormente se ha citado: la formación en materia de género para el profesorado depende de su buen hacer y no de la creencia de la importancia que esto merece.


Barrio, J.M. (2005). Educación diferenciada, una opción razonable. Pamplona: Eunsa.

Bonal, X. y Calero, J. (1999). Política educativa y gasto público aplicación al caso español. Barcelona: Pomares-Corredor.

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Deem, R. (1980). Schooling for women’s work. Londres: Routledge and Kegan Paul.

De Lemus, S., Castillo, M., Moya, M., Padilla, J.L. & Ryan, E. (2008). Elaboración y validación del inventario de sexismo ambivalente para adolescentes. International Journal of Clinical and Health Psychology, 8, (2), 537-562.

Fernández Enguita, M. (1997). Los desiguales resultados de las políticas igualitarias: clase, género y etnia en la educación. En Fernández Enguita, M. (coord.), Sociología de las instituciones de educación secundaria. Barcelona: Horsori.

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Doctora en Educación, Máster en Mediación y Graduada en Educación Social por la Universidad de Murcia, España. Amplia experiencia en gestión de proyectos de índole socioeducativa, formaciones en materia de mediación escolar, educación emocional y promoción de la igualdad de género en diferentes centros educativos. Adentrándose en el mundo de la elaboración de recursos didácticos, para trabajar en el aula y en casa, la educación emocional.

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