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El arte de comunicar y educar

Es importante identificar que la educación es un arte que utiliza diferentes planteamientos prácticos y conceptuales para lograr su finalidad.

Alexander Ossa Cortés
September 17,  2020
Articulos en Español

Es importante identificar que la educación es un arte que utiliza diferentes planteamientos prácticos y conceptuales para lograr su finalidad, un trabajo a partir de una paleta cromática de comunicación, mostrándonos las diferentes mezclas y variables que podemos lograr con ella, que en cierta manera son una fórmula que puede funcionar si se aplica adecuadamente en el momento específico y con un grupo determinado.

Soy docente de educación artística hace más de 20 años, empecé mi proceso de docente mucho antes de ser pedagogo. Sin embargo, era algo que sin querer aparecía en mi vida cotidiana, empecé trabajando con niños de primera infancia; pequeños que solo querían jugar y divertirse, yo solo era un bailarín que mediante una propuesta a las directoras de unos jardines comunitarios, buscaba una nueva alternativa lúdica para que los niños tuvieran una dinámica diferente a la cotidiana, de allí surgieron mis clases de danzas.

Sin herramientas pedagógicas, ni planteamientos estructurados de estilos de aprendizaje, empecé tal como me habían enseñado mis maestros, desde la necesidad del estudiante, desde el juego, su gusto, el sentir mediante la música y expresión corporal; es así como me di cuenta que por medio de esa dinámica podría empezar a incluir los contextos y temáticas que les quería impartir. La comunicación tenía que ser clara, precisa y puntual, no solo se requería decir qué movimientos o expresiones debían realizar, como docente me correspondía llevar a la práctica a partir de un trabajo conjunto con ellos. Una época donde al terminar mi jornada me sentaba a pensar, pero otra parte de mí, me impulsó a registrar, planear y programar lo que impartía en las clases siguientes, siendo esta segunda opción el momento de demostrarme de forma introspectiva que era capaz de realizarlo. Así fue durante un año y medio, después comencé mis estudios de licenciatura en artes escénicas y mi currículum sirvió para ingresar como docente en un colegio reconocido de la ciudad.

Alexander Ossa Cortés - Bailarín con una trayectoria de 24 años y como docente 20 años.
Alexander Ossa Cortés – Bailarín con una trayectoria de 24 años y como docente 20 años.

Poco a poco me di cuenta que algunos vacíos que tenía respecto a mi forma de enseñar o que creía estaban mal, en realidad fueron un acierto frente al contexto que yo estaba planteando, esas rutinas de juego con los niños que eran realizadas con el fin de impartir un tema determinado, resultó que estaban soportadas mediante la educación basada en la lúdica, un concepto donde el juego es una herramienta para que el estudiante a partir de sus propias necesidades, su imaginativo y lo que el docente le empieza a dar como guía, apropie un nuevo saber o lo transforme a su propia realidad.

Es importante decir que no se puede imponer o generar una directriz bajo los criterios del docente, como educadores debemos transformar ese elemento o información y aterrizarlos a las diferentes estructuras de aprendizaje de nuestros niños, es allí donde entendí que existen diferentes formas de aprender en nuestros estudiantes, aquellos que son auditivos me enfocaba más en las melodías y sonidos que en ellos podían propiciar movimientos involuntarios, los cuales en mi rol de docente los guiaba para que los transformaran en secuencias y al final frases de movimiento; para aquellos visuales, el proceso estaba más enfocado en ubicarlos mediante la descripción de esos sonidos a partir de los movimientos de sus compañeros, así mismo los incentivaba a utilizar el color como una herramienta para identificar un sentimiento o una sensación, estos dos últimos eran criterio de cada estudiante, ya que la percepción de cada uno era diferente, pero esto nos ayudaba a generar nuevos elementos de construcción colectiva, que en una puesta en escena puede llegar a ser de gran ayuda; no se puede olvidar los kinestésicos, eran los chicos que aportan a los dos bandos, con sus ideas empezaban a construir historias fantásticas, pues sentían en todo su auge el movimiento y el ritmo, sus prácticas propiciaban construcciones significativas que para el grupo, y sobre todo para mí -como docente- dejaba muchas enseñanzas.

Fueron épocas de muchos momentos felices, pero también de frustraciones, estrés, trasnochadas y sobretodo de aprendizaje; recuerdo que uno de esos momentos surgió con un estudiante de grado séptimo, uno de los grados donde los chicos son críticos por que sí, sin fundamentos teóricos ni contextos que soporten su crítica, muy poco entienden ese propósito. Me encontraba en clase con los estudiantes cuando uno de los chicos decidió que eso no le servía para nada, además que eso de bailar no era para hombres. Es comprensible en una sociedad que tristemente posee un pensamiento machista frente a ciertos contextos donde el sentir, expresar y manifestarte es solo tarea de mujeres, sin embargo como una de las asignaturas del pénsum escolar debían ver la materia, aunque según el estudiante no le aportaba mayor cosa, en ese caso me acerque y le pregunte de ese ejercicio solicitado, que le podía llamar las atención y de allí podríamos realizar un producto artístico corporal.

Era un muchacho que a pesar de sus prejuicios, también era perezoso, no le gustaba lo que le exigiera mayor esfuerzo por lo tanto era predecible, su respuesta no le interesaba nada, su actitud generó en mí una reacción donde cuestionar su criterio, es algo muy grave, en sus palabras “tenaz” le pregunté ¿por qué le da tanto miedo realizar un trabajo corporal? ¿Existe algo que le incomode?; ¡vaya! eso fue un detonante, el muchacho solo quería evadir su responsabilidad escolar y buscaba cualquier pretexto, pero a mis preguntas, él fue más allá de lo que se le preguntaba, aprovechó la coyuntura y malinterpretó la situación, manipulando su contexto de estudiante y colocando en juicio los criterios del docente.

Es allí donde un estudiante que nunca tenía un buen argumento para justificar su negligencia, encuentra soportes para manipular la información y genera un ambiente de tensión, asegurando que el docente, que era ¡yo!, había puesto en duda su identidad de género y su pensamiento sexual. ¡Tenaz!, eso fue una gran bola de nieve para mí, cómo podía desmentir a alguien donde la estructura gubernamental lo apoya desde todos los ángulos y que en mi caso un docente con poca experiencia no sabía cómo defenderse, estos son los errores que a mi concepto todavía tiene el sistema de educación en nuestro país, no quiero decir que el docente tiene toda la razón, pero el estudiante tampoco la tiene; ¡creí que era todo!, que allí finalizaría mi carrera que hasta ahora estaba empezando, por más que yo le decía que eso no era lo que le quería preguntar, el chico se empeñaba más en su concepto y le daba más soporte.

Sin herramientas pedagógicas, ni planteamientos estructurados de estilos de aprendizaje, empecé tal como me habían enseñado mis maestros, desde la necesidad del estudiante, desde el juego, su gusto, el sentir mediante la música y expresión corporal.

Fue un momento donde quería que la tierra me tragara, sin embargo me acordé que alguna vez un maestro me dijo, que mientras las pruebas sean mayores, la solución puede ser lo más sencilla, pero en este caso yo no la veía por ningún lado. Cuando terminó la clase me dirigí a la sala de profesores y me senté en el escritorio frustrado y preocupado, pues ahora ese muchacho estaba construyendo una historia donde supuestamente el docente había cuestionado sus criterios de identidad y de género. En esa época no era tan común que un estudiante manifestara si era homosexual o no, sin embargo el muchacho terminó su argumento diciendo que yo lo había tratado de “gay”, esto costaría mi trabajo. Bien dicen que cuando te sientes perdido aparece tu salvación, esta salvación que fue uno de mis colegas y que me inspiró a seguir su pedagogía, una pedagogía del dialecto, de la lúdica, del escuchar y exigir ser escuchado.

Mi coordinador de área, un artista plástico, de una gran formación, con especialización y sobre todo de un carisma y una gran energía, los compañeros lo veían como un niño más, una persona que se ponía a la par a jugar con los estudiantes, sin perder su imagen o rol de docente, él se ganaba su confianza y respeto; cuando él me ve sumido en una tristeza que no puedo mentir, con lágrimas en proyección, me pregunta que me había pasado y yo le conté todo, me mira, se ríe y me dice, todo tiene solución; me pide que vayamos al salón donde el muchacho para aclarar las cosas. Cuando llegamos al curso, los chicos estaban en clase de literatura, la docente autoriza para que el estudiante se retire del salón a hablar con nosotros, lo primero que hace este hombre es decidir que hablemos frente al salón, no dirigirnos a ningún lado, en este momento yo no entendí el por qué, después me explicó que es mejor que existan testigos, que todo quede a la vista de los demás y así no puedes dar la oportunidad de que generen otras historias o bolas de nieve.

Cuando el estudiante sale, mi coordinador de área le pregunta qué es lo que había sucedido, el muchacho empezó su versión, yo no decía nada, solo escuchaba, cuando el chico terminó, recuerdo que la pregunta que este hombre le hizo fue, ¿tú te sientes gay?; en ese momento el estudiante abrió los ojos y le respondió fuerte, ¡no! ¡Claro que no!, es allí donde él vuelve y lo cuestiona preguntando ¿tienes algún problema con los gay?, el chico responde que no, es aquí donde viene la pregunta rompe hielo, ¿el docente te dijo que eras gay? Este es el momento donde mi vida vuelve a ser tranquila, donde de nuevo retomo mi pasión por ser docente y me doy cuenta que en ocasiones no somos nosotros ni los mismos estudiantes, son sus prejuicios que desde casa o que la misma sociedad les ha impuesto. El chico quedó desarmado, no sabía qué responder, pues yo no había realizado esa pregunta tan puntual; es allí donde este hombre con una sonrisa le da una palmada suave en el hombro y lo invita a tener en cuenta lo que dice, así mismo le argumenta al muchacho y justifica el por qué debe realizar lo que se plantea en las clases, invitándolo a ser honesto con sus palabras, sus criterios, también lo exhorta a cuestionar pero con criterios, sin generar toda una “película”, donde al final puede salir perjudicado y lo peor perjudicar a otras personas, que lo único que quieren es ayudarlo. De esta historia aprendí muchas cosas, el diálogo con nuestros estudiantes debe ser claro, puntual, evitando que la información se tergiverse, demostrando a los estudiantes que tú estás para ayudarlos a formarse y sobre todo para propiciar las herramientas que les ayuden en sus aprendizajes y muchas veces en su vida diaria.

Doble titulación de maestría en educación (UNIMINUTO Y TEC. Monterrey), Licenciado en educación artística con énfasis en danza y teatro de la UAN, diplomado en Admón. Cultural y gestión estratégica, Diplomado en Tecnología e innovación en Educación, Auditor interno en sistemas Integrados de Gestión, auditoría interna ISO 19011:2018 y Sistemas de Gestión de Seguridad y Trabajo; talleres de danzas Árabe, contemporánea, yoga, ballet, danzas de India y pedagogía en Coaching educativo, herramientas en el aula, seminarios; Bailarín con una trayectoria de 24 años y como docente 20 años, laborando en instituciones educativas preescolar, básica, secundaria y universitarias. En el transcurso de mi profesión me enfoque en la pedagogía artística y sus múltiples aplicaciones en la mejora del aprendizaje y de calidad de vida, allí incursionando en el trabajo de rehabilitación en personas con discapacidad, director del grupo de danzas de India AMBAR KUMAR, actualmente funcionario público de carrera administrativa en el municipio de Madrid- Cundinamarca, Colombia.

: www.facebook.com/alexander.o.cortes/about

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